Para volver metáforas la vida, alza el poeta su canto de estatura, y entre verso y color, dolor espanta, y triunfan el consuelo y la alegría. Hay un orgullo cierto en este oficio, que viene de los dioses y los tiempos, oráculos, arúspices, misterios…, estrella que en el cosmos declina, y que renace, en forma de corazón de poeta, aeda, misionero, cantor, voz de universo, que nos trae los arcanos del divino… Prístinos y certeros, como flechas, parten los versos de Lorenzo Araujo, y si no tiene sino su viajero, sus metáforas sí: van rectas hacia la diana de la vida, de la tierra natal, de la nostalgia, trocándose en amor por donde pasan. Él quiere aupar al pobre, al oprimido, bajar a las prisiones, hacerse sangre y carne con todos lo que sufren, liberarles… Una humana belleza desatada aguarda en este libro ansiosa por abrirse camino hasta tu alma. Sumérgete en sus páginas y descubre el supremo poder de la palabra, qué es cantar para todos, y qué es ese milagro que se llama esperanza. Rafael J. Rodríguez Pérez
«Sobrevivir es la más alta gracia a que puede aspirarse», afirma la voz del poeta. Pero le ha tocado vivir en un mundo con vocación caníbal, donde la vida es una brecha y somos tanto por salir, en una sociedad que debiera aprender de la empatía de las aves, de la solidaridad de los reptiles, del compañerismo de los peces, y no de la egolatría estéril de los hombres. La poesía jamás ha puesto sobre los hombros de los aedas cargas tan pesadas que la lengua y el oficio no puedan sustentar. Por eso el poeta afirma: Pronto impondrá la noche su vertical dominio. / Envuelto en pinceladas en los lienzos del tiempo…/.
César Sánchez Beras